1- ¿Qué es aprendizaje en equipo?
En la mayoría de los equipos, la energía se encauza en
diversas direcciones.
La
característica fundamental de un equipo relativamente no alineado, es el
desperdicio de energía. Los individuos pueden poner mucho empeño, pero sus
esfuerzos no se traducen eficazmente en una labor de equipo.
El
alineamiento es la condición necesaria para que la potencia de
un individuo infunda potencia al equipo.
Ejemplos de alineamiento en grupo son
“equipos de básquet”, “grupos de jazz”.
El aprendizaje en equipo es el proceso de
alinearse y desarrollar la capacidad de un equipo para crear los resultados que
sus miembros desean. Arie de Gauss define al “equipo” como las personas que se
necesitan mutuamente para actuar.
Dentro de las organizaciones el aprendizaje
en equipo tiene tres dimensiones:
·
Los equipos deben aprender a explotar el potencial de muchas mentes
para ser más inteligentes que una mente sola. En algunos casos se observa que
la inteligencia de un equipo es inferior a la de cada uno de sus miembros.
·
La acción que generan debe ser innovadora y coordinada.
·
El papel de los miembros del equipo en otros equipos. La mayoría de los actos de los equipos
directivos se llevan a cabo a través de otros equipos.
2- ¿Por qué es importante el diálogo y la
discusión para el aprendizaje en equipo?
La disciplina del aprendizaje en equipo
implica dominar las prácticas del diálogo y la discusión (las dos formas de
conversar en equipo) En el diálogo existe la exploración libre y creativa de
asuntos complejos y sutiles, donde se “escucha” a los demás y se suspenden las
perspectivas propias. En cambio, en la discusión, se presentan y defienden
distintas perspectivas y se busca la mejor perspectiva para respaldar las
direcciones que se deben tomar. El diálogo y la discusión son potencialmente
complementarios, pero la mayoría de los equipos carecen de aptitud para
distinguir entre éstos y moverse
conscientemente entre ambos.
El aprendizaje en equipo implica también el
poder superar fuerzas opuestas al diálogo y la discusión productiva y que
llamamos “rutinas defensivas”. Afectados por el conflicto, los miembros del
equipo suelen limar las diferencias o discursear en lo que llamamos “guerras de
abstracción”. Si bien las rutinas defensivas frenan el aprendizaje, encierran
un gran potencial para alentar el aprendizaje, si aprendemos a liberar la
energía que contienen.
Finalmente, la disciplina del trabajo en
equipo requiere práctica (lo que suele faltar en las organizaciones modernas)
3- ¿Según Bohm cuáles son las tres condiciones
básicas que son necesarias para el diálogo?
El teórico cuántico David Bohm desarrolla un
método de diálogo donde un grupo “se abre al flujo de una inteligencia más amplia”.
El diálogo es una vieja idea reverenciada por los antiguos griegos, y
practicada por muchas sociedades primitivas, pero que la sociedad moderna ha
perdido.
Bohm habla del pensamiento como un fenómeno
colectivo y dice que como tal no podemos mejorarlo en forma individual.
Hay dos tipos primarios de discurso: el
diálogo y la discusión.
En la discusión el propósito es ganar. Lograr
que el grupo acepte nuestro punto de vista. En ocasiones podemos aceptar parte
del punto de vista de otra persona para fortalecer el nuestro, pero
fundamentalmente deseamos que prevalezca el nuestro. El énfasis en querer ganar
no es compatible con la prioridad de coherencia y verdad. Bohm sugiere que para
lograr este cambio de prioridades se necesita el “diálogo”.
La palabra diálogo viene del griego
“diálogos” que deriva de “día” = a través de, y “logos” = palabra. En un
diálogo no interesa ganar; todos ganamos si lo hacemos correctamente. En el
diálogo los individuos tienen una comprensión que no se logra individualmente.
En un diálogo, un grupo explora asuntos
complejos y dificultosos desde muchos puntos de vista. Los individuos ponen
entre paréntesis sus supuestos pero los comunican libremente.
El propósito del diálogo según Bohm consiste
en revelar la incoherencia de nuestro pensamiento. En el diálogo las personas
aprenden a observar sus propios pensamientos.
Bohm considera tres condiciones básicas
necesarias para el diálogo:
·
todos los participantes deben “suspender” sus supuestos: esto
significa tener conciencia de nuestros supuestos y someterlos a examen.
·
todos los participantes deben verse como colegas: esto es importante
porque el pensamiento es colectivo. Verse como colegas no implica que haya que
concordar o compartir las mismas opiniones. Si optamos por ver a los
“adversarios” como “colegas con otras perspectivas” los beneficios serán
inmensos. En este verse como colegas, las personas de mayor rango deben
renunciar al privilegio de imponer sus opiniones, y las de menor rango a
renunciar a la seguridad del silencio.
·
tiene que haber un “árbitro” que mantenga el contexto del diálogo: Sin
este, nuestros hábitos de pensamiento nos empujarán siempre a la discusión.
Entre otras cosas, el árbitro debe a) ayudar a la gente a formar parte del
proceso y de los resultados, b) debe mantener el diálogo en marcha y evitar que
se genere en discusión c) puede influir sobre el desarrollo del diálogo.
A medida que el equipo adquiere
experiencia y destreza, el árbitro pierde importancia.
Equilibrio entre diálogo y discusión: En
el aprendizaje en equipo, la discusión es la contrapartida necesaria del
diálogo.
En la discusión se presentan y defienden
distintos puntos de vista.
En el diálogo se presentan distintos
puntos de vista en pos de descubrir uno nuevo.
En una discusión se toman decisiones.
En un diálogo se exploran asuntos
complejos pero no se decide.
Las discusiones productivas convergen en
una conclusión o curso de acción.
Los diálogos son divergentes, no
procuran el acuerdo.
El diálogo que se cimienta sobre la
reflexión e indagación resulta más sólido y menos vulnerable.
4- ¿Qué son las rutinas defensivas?
Uno de los indicadores más confiables de que
un equipo aprende es el continuo conflicto de ideas.
La diferencia entre los grandes equipos y los
equipos mediocres radica en el modo de afrontar el conflicto y la actitud
defensiva que rodea al conflicto.
Según Chris Argyris, el origen de las rutinas
defensivas es el miedo a exponer el pensamiento que subyace a nuestras
opiniones. El razonamiento defensivo nos protege de aprender acerca de la
validez de nuestro razonamiento. Para la mayoría, exponer el razonamiento es
amenazador porque tenemos miedo de que otros descubran nuestros errores, y esto
se muestra desde las primeras etapas de nuestra vida.
Los problemas causados por las rutinas
defensivas se complican en organizaciones donde revelar una limitación es
indicio de debilidad o incompetencia. En los modelos mentales de muchos
managers está arraigada la creencia de que éstos siempre deben saber qué está
pasando. Es inaceptable que actúen como si no supieran dónde se origina un
problema. Esto deriva en que se conviertan en especialistas en
aparentar.
Los managers deben aprender a enfrentar las
actitudes defensivas sin provocar más actitudes defensivas. Para esto es válido
desnudar las emociones para indagar las causas de las actitudes defensivas, por
ejemplo: “noto que me siento amenazado por esta nueva propuesta, tal vez a ti
te ocurra lo mismo, ¿puedes ayudarme? ¿tiene sentido lo que digo?
Los equipos inteligentes no se caracterizan
por la ausencia de actitudes defensivas sino por el modo de encararlas. Estas
son como cajas que debemos ir abriendo para liberar la energía y alcanzar una
mayor lucidez.

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